Con la neo-liberalización económica y consecuente adelgazamiento  de diversas responsabilidades, empresas, facultades y atribuciones al sector gubernamental a nivel mundial, fueron transferidas del sector público a la iniciativa privada y/o sujetas a la regulación del libre mercado, pero algo que realmente nunca fue previsto por economistas ni sociólogos fue el auge del tercer sector en consecuencia o a la par de estas medidas eminentemente económicas.

El tercer sector está comprendido por asociaciones civiles, fundaciones, organizaciones de asistencia social y beneficencia pública, organismos de auto-ayuda, cooperativas,  colegios de profesionistas, en sí son agrupaciones humanas con un régimen de autogobierno que no pertenecen ni al sector gubernamental ni al privado, aunque pudiendo ser del sector privado o auspiciado por éste su objeto es eminentemente social, es decir, no tienen ánimo de lucro.

En nuestro país el crecimiento del tercer sector es indiscutible, sin embargo todavía hace falta mucho por hacer, como lo indica  el revelador dato que publicó en diciembre pasado la revista “Poder y Negocios” en un artículo referente al tema que señala que:

“El informe de filantropía y sociedad, realizado por el ITAM, revela que las donaciones realizadas por las distintas entidades en México durante 2009, significaron apenas 0.18% del PIB, cifra 40 veces menor a la de Estados Unidos. Los números también revelan una amplia brecha entre México y los países miembros de la OCDE, al situarse entre una de las naciones con los niveles más bajos de aportaciones para causas filantrópicas. ”

Hay muchos objetivos por alcanzar en México en este sector, pasando desde la pobreza extrema, la tutela de niños en la orfandad, el impulso del crecimiento de las comunidades rurales marginadas hasta innovadoras causas como la prevención de conductas antisociales, particularmente en jóvenes en riesgo.

Existen los mecanismos de promoción para la organización de las organizaciones no gubernamentales a través de incentivos fiscales (escasos por los hay) para las mismas, o la susceptibilidad de recibir donaciones para financiarse, sin embargo no existe la planeación adecuada por parte del sector público para que encauce los ánimos de la sociedad civil hacia donde más se necesita.

Es imprescindible el promover la participación ciudadana en cualquiera de los ámbitos que más haga falta, ya sea porque el desempeño de los gobiernos en ellos es ineficaz, ineficiente, su actuar  negligentes o simplemente porque no se dan abasto. La participación entusiasta de la ciudadanía a través de las organizaciones civiles es sin duda uno de los pocos pero relevantes cauces en los que la sociedad puede ponerle la muestra al gobierno sobre cómo hacer las cosas bien.  Además, (¡Ojo!) ante la crisis de credibilidad de la clase política en nuestro país, no se descarta que del cúmulo de organizaciones no gubernamentales, puedan salir a la palestra política una buena cantidad de candidatos independientes, ahora que ya existen mayores facilidades para la construcción de dichos mecanismo de participación política.

(Artículo publicado en distintos medios de comunicación)

Eric Ramírez.


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